El Ejecutivo Surfista 2 El Arte del Camino Capítulo 9

Capítulo 9 SKYLAR

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Amanecer en La Libertad, El Salvador. 0600 am

Franklin James Skylar, El Ejecutivo Surfista,  meditaba en la gran terraza,  absorbiendo la energía del Océano Pacifico, en su Villa: Casa de Cortez sobre la costa de El Salvador. Aquí había logrado conectarse finalmente con la paz que había perdido desde que abandonó su proyecto de vida. Atrás quedaron las semanas de firmas, escritorios de abogados, y negociaciones a cuchillo para lograr acuerdos ganar-morir en lugar de ganar-ganar.

Se sorprendía del inmenso peso que significaba deslastrarse de lo único que lo mantenía estancado, obsesionado por  postergar la agonía de empujar un proyecto que había perdido el corazón. Se daba cuenta de lo frágil que somos los seres humanos. Cuán fácil es caer en estados de esclavitud, y acostumbrarse a ello. La única solución lógica era comenzar de nuevo. Lanzarse a una nueva aventura. Encontrarle sentido a las cosas de nuevo y aprender a caminar otra vez, lección que aprendió de Jose Angel Navarro, en ese viaje a la bahía mágica de Cuyagua en Venezuela hacía exactamente un año.

El dinero de sus acciones había sido depositado en varios bancos de diferentes países, con acceso directo desde cualquier parte del mundo, manteniendo una estructura responsable y al mismo tiempo minimizando implicaciones fiscales. Después de todo, aún con ser producto de 25 años de trabajo honesto, no era fácil en estos tiempos, justificar ante los organismos bancarios y fiscales 48 millones de dólares. Pero después de haber cerrado ese ciclo, todo era light. Se aligeró la vida dejando un lienzo en blanco para crear su máxima obra.

Lo que más le impacto de esta transición fue el desvanecimiento del factor  tiempo. Se daba cuenta de aquello que dejamos de ver todos los días;  amaneceres sobre los volcanes, el color verde del follaje, el asombro de respirar, y el constante latir y cambio de personalidad del inmenso océano azul. Esto potenciaba una vena creativa que le permitía proyectar nuevas soluciones a problemas complejos que antes no había podido encontrar. En ese sentido, ahora era más productivo que nunca.

Para Skylar, el Pacifico era una mujer con diferentes facetas, a veces seductora, a veces agresiva, pero siempre misteriosa, encantadora. Así lo veía ahora. Un mar impredecible,  pero con la certeza de que todos los días entraría UNA ola más grande que todas las demás, y eso es lo que le traía a este lugar mágico. En el agua Skylar sabía esperar, esperar para actuar en el momento oportuno. Los locales se daban cuenta cuando Skylar se alejaba de la manada, era porque por ahí venia. Siempre corría la ola más grande del día. Estar allí en el preciso momento que llegaba era un ejercicio en sincronicidad premeditada.

Allí, solo ante la inmensidad del Pacífico podía contemplar una vida llena de sentido y propósito. Una vida llena de una conexión real con aquello que realmente inspira. Estaba otra vez en la fase más apasionante dentro de la construcción de algo nuevo, esa fase donde el artista espera por la inspiración que viene de saber que se está haciendo lo correcto. Lo que realmente importa.

Su condición física se había elevado a niveles de pura energía. Aprovechó el año sabático para ponerse en forma, reviviendo el entrenamiento riguroso que había recibido cuando joven recién graduado de la universidad, al aceptar el desafío de luchar por pertenecer a los Equipos Mar, Aire, Tierra  de las fuerzas de operaciones especiales del comando de guerra naval, mejor conocidos como NAVY SEAL, entrenamiento donde 9 de cada diez, abandona o es descartado. Se sentía bien físicamente, había rejuvenecido 5 años, más ligero, más rápido, y con mejores reflejos, los cuales ejercitaba en las olas a diario.

Ahora había que nutrir la potencialidad intelectual y espiritual. Aprovecharía su tiempo para esbozar una nueva forma de potenciar las habilidades de cientos de miles de profesionales que al igual que otros, claman por un balance que les permita disfrutar una vida armónica, prospera y con sentido. Una forma de llevar al mundo empresarial de la esclavitud a la libertad. Estaba compenetrándose con el saber del desarrollo personal y espiritual del ser humano para diseñar  la nueva dimensión en Coaching. Sabía que la respuesta llegaría, era dentro de tantas ideas y proyectos a través de tantos años de búsqueda, la ola más grande, y no la iba a dejar de correr.

El día amanecía perfecto para una sesión de surfing.  La terraza sobre veía las olas de la punta de El Sunzal. A través de una verja de hierro forjado comenzaba la ruta más rápida hacia las olas, pero la más peligrosa. Tomó la Channel Islands 6´8´´, twinfin de dos quillas. Las  escaleras de madera, que marcaban el inicio del descenso por el acantilado abrían paso hacia otra escalinata, la cual había sido esculpida sobre la misma piedra, resbaladiza por el rocío del mar y las algas. Cincuenta metros hacia abajo, el feroz Pacífico castigaba las piedras afiladas y el arrecife que soportaba la mole de piedra que sobresalía de las fauces del pacífico como un gigantesco puño. Ahí descansaba la Casa de Cortez, rociada por la misma agua salada, y coloreada con las inevitables manchas blancas y negras que dejan los embates de la abundante vida marina.

Waves El Salvador

El Océano Pacífico constantemente explotaba abajo en el arrecife, enviando pulsaciones de agua y rocío por los hoyos de respiración de la misma piedra. La escalera terminaba para abrir paso a uno de tantos puentes de madera sostenidas con cadenas de hierro gruesas, casi medievales, que conectaban las diferentes secciones del peligroso atajo sobre el feroz acantilado.

El camino penetraba el acantilado abriéndose paso hacia la parte interior de la mole de roca sobre la cual descansaba la inmensa villa. Bajando ahora por una tercera escalinata de concreto se llegaba a la cueva que permitía acceso al mar. Allí, una pequeña caleta escondía un pequeño puerto de embarque utilizado por Skylar para atracar su lancha. Uno de sus juguetes favoritos, una Cigarette Café Racer azul y blanca, de 40 pies equipada con 2 motores de 425 HP, protegido de las olas por un pequeño malecón. Zorba el Buda, así la había bautizado.

Con destreza felina subió fácilmente por la piedra que daba acceso hacia la salida. Siguió subiendo hasta llegar a una plataforma de roca abierta al pacifico y desde allí, a 5 metros sobre el mar, se lanzó con su tabla, manejando los tiempos de las olas de forma precisa aprovechando la resaca para rápidamente alejarse del arrecife y acercarse a la zona de seguridad. De  lanzarse 3 segundos más tarde, hubiese sido devorado por las rocas.

La sesión fue fluida y armoniosa. Olas perfectas de derecha que parecían mecánicamente elaboradas le daban la bienvenida.  La perfección de la punta de El Sunzal era legendaria. Aunque muchos surfistas preferían las olas tubulares de punta rocas, al este, Skylar disfrutaba de la ola grande y misericordiosa que se abría ante él con majestuosidad para definir paredes azules interminables. Fluir con la ola, cortar arriba y conectar con secciones de tubo era el mejor regalo que lo podía dar el universo. Todo esto era su propio patio trasero. Pura Vida.

El viento comenzó a soplar desde el éste, era un indicio de cambios. Agarró una última ola y desde la arena, plácidamente contempló lo que sería su próximo viaje. La temporada de olas terminaría pronto en El Salvador y era hora de partir a otros mares. Regresó a la casa para iniciar el impulso a un nuevo cambio. Había que seguir empujándose más allá de sus límites de resistencia, era una disciplina constante. Aprovechó para sacar sus tablas, cometas de Kite Surf, arneses y equipos sobre la terraza para preparar el equipaje para ésta nueva fase. Pensó que partiría a su punto predilecto de surf. Un lugar que mantenía en secreto. Ni siquiera sus más cercanos amigos o su familia sabia donde quedaba. Era su refugio. Allí podría realmente trabajar en su nuevo proyecto. Un lugar para crear. Sería estimulante una temporada en el viejo continente.

Atrás quedaron las políticas de Communisnc y las luchas de poder. No había ninguna razón por volver a batallar ejecutivos en salas corporativas. Ahora lo que importaba era la búsqueda, el camino hacia la iluminación. Y sentía que estaba cada vez más cerca.

El movimiento repentino del halcón que miraba a Skylar pacíficamente desde el tejado,  al extender el cometa de su Kitesurf sobre el piso de la terraza indicaba que algo no estaba bien. Skylar miró hacia atrás y solo tuvo un segundo para esquivar el cuchillo que con maestría había lanzando una figura que se escondía en las sombras de la casa. Un segundo cuchillo lo alcanzó en el hombro, la herida fue leve pero Skylar estaba entrenado para desenfocarse del dolor.

“El propósito de tu contrincante definirá tu próxima decisión.” Recordó las palabras de su sensei, pero “Cuál era la intención de su enemigo?”

Skylar realizó un salto acrobático y se posicionó sobre el balcón, pero ahora cuchillos se convirtieron en ráfagas de bala desde el techo rosado de la villa. Eran dos hombres, el cuchillero, vestido en la clásica indumentaria del ninja japonés y otro mercenario desde el techo, de franela roja, chaleco de camuflaje, armado con una AK47. Corrió hacia la seguridad de la casa, sentía la estela de energía que emitían las balas pasando a centímetros de su cabeza. Prefería enfrentar cuchillos que balas, y rápidamente entró a la casa a enfrentarse al ninja, mejor conocido con “El Chino”.

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“El propósito de tu contrincante definirá tu próxima decisión.” Con maestría derribó al oscuro personaje y lo lanzo hacia el piso. El ninja rebotó de forma alucinante para colocarse de nuevo en posición de guerrero, desenvainó una katana resplandeciente en el sol. Skylar esquivó sus ataques una y otra vez. Salió de nuevo al balcón pero el hombre de la AK47 no le permitía maniobrar. Aprovechó un segundo de distracción para tomar la katana entre sus dos palmas y utilizar la inercia de la misma para lanzar al oscuro personaje por el balcón directo a las piedras del océano pacifico justo cuando reventaba sobre ellas la ola más grande del día, explotando sobre las piedras y reventando la cabeza de su enemigo contra el acantilado, dejando una mancha roja sobre la espuma blanca de las olas del pacifico. “No se me iba a ir  la ola del día” murmuró.

Era la distracción que necesitaba. Esto no era un acto del hampa local para robar la casa, esto era un atentado. No había rastros del individuo del techo. Algo no estaba bien. Con cautela entró a la casa, estaba vacía. Solo un ligero zumbido. Notó la desaparición de su Mac Book Pro y discos duros de su oficina, y debajo de su escritorio vio la revelación de la verdadera intención de su enemigo.

El tradicional compacto de explosivo plástico C4 y la pantalla LED en rojo contando los segundos, 16, 15, 14, 13, 12… No había tiempo para desactivar. La vía mas rápida era el balcón, pero saltar sería correr el mismo destino que El Chino. En segundos entró en el arnés del kitesurf. Extendió el cometa, haló fuerte contra la vara de comando del kite para absorber al máximo la energía del viento, y el cometa lo comenzó a propulsar. La ráfaga de viento lo elevó sobre la casa cuando sintió el impacto de la explosión. La Casa de Cortez voló en pedazos, el calor de la bola de fuego elevó aun más el cometa haciendo que Skylar perdiese el control. Fuego comenzaba a consumir el lado derecho del cometa y comenzó a caer.  Con maestría desesperada buscó controlar  la caída en espiral hasta ajustar el kitesurf hacia la única opción posible: entrar por el espacio que daba a la cueva. Una línea lateral derecha se atoró en la piedra de entrada. Skylar sacó su cuchillo de emergencia del arnés y cortó todo aquello que lo conectaba con el gigantesco cometa. La caída e inercia lo llevaron al punto entre la cueva y el arrecife. La ola entró, mientras  pedazos de concreto madera y escombros caían alrededor producto de la explosión. Aguantó la respiración y se sumergió luchando contra la marea saliente haciendo esfuerzo por llegar a la caleta antes de que llegase la siguiente marejada.

Una segunda explosión estremeció la cueva en el momento que salió a la superficie cerca del malecón. Encendió los motores de Zorba el Buda. No había tiempo para pensar, La cueva comenzaba a ceder. Aprovechando una ola entrante, aceleró al máximo el poder de sus dos motores de 425 HP, emitiendo un rugido ensordecedor mientras la liviana lancha se disparaba sobre la cresta de la ola para volar por la salida de la cueva y caer a pocos metros del feroz acantilado.

Aceleró hacia el horizonte, concentrándose en sacarle la máxima velocidad a Zorba el Buda perdiéndose en la coreografía de esquivar olas entrantes. Ya en la distancia, apagó el motor y miró hacia atrás. De la colina se desprendía una nube de humo negro. Con tristeza y dolor observó como su fortaleza de paz se consumía encendido en fuego. Comenzó a invadirle la furia que luego se transforma en ira. Sabía que solo una persona era capaz de generar tanta destrucción por una pieza de información, estaban detrás de la data contenida en su laptop. Esta vez no se iban a detener. Charles Thornton había cruzado el lindero hacia lo psicótico.

Skylar sabía que engancharse en una de venganza empeoraría la situación, y comenzó a generar un plan para convertir lo incorrecto en correcto. Era su responsabilidad volver a establecer una vida cónsona con sus principios y valores. Le debía eso al trabajo de tantos años, a sus coachees, y a sus clientes. Su misión no había concluido. No era suficiente vender sus acciones.  Communinc tendría que desaparecer por completo.

Frank Skylar sabía que lo seguirían persiguiendo hasta eliminarlo por completo. No estaría seguro ya en el Salvador. Encendió de nuevo los motores y cambió el curso hacia el sur. Desde allí podría buscar una salida desde el Aeropuerto Internacional Augusto Cesar Sandino  en Managua. Revisó el compartimiento de proa donde siempre mantenía lo esencial: pasaportes, efectivo, IPHONE cargado, unos lentes Oakley, llaves, mapas, un IPAD, y una Glock 9mm.

Siguió navegando bajo el sol del mediodía avanzando hacia su visión de cerrar por completo el ciclo que había dejado abierto. Ahora más que nunca necesitaba hacer uso de su destreza de estar en el lugar apropiado en el momento indicado para correr la ola mas grande. Esa sincronicidad premeditada. Se conectó de nuevo con su furia, una emoción que le llenaba de otro tipo de  recursos e ideas, un hambre que ansiaba escapar de su ser. Aceleró de nuevo al máximo, y encendió el equipo de sonido de Zorba el Buda. Higher de la banda de rock Creed comenzó a sonar a todo volumen sobre el ruido de los motores. Ancló la emoción y absorbió el momento. Estaba decidido a cambiar las cosas, y esta vez iba armado.

En el Capítulo 10. Nuestros amigos llegan a El Savador, en busca de Skylar, y un evento inesperado aumenta el peligro de la conexión con el universo de Jumali. Comienza El camino a la Iluminación. Solo Jose Angel Navarro y Alexia podrán descifrar el acertijo del paradero de El Ejecutivo Surfista.

Acerca de fernandocelis

LIFE COACH, Entrenador de Ventas Coroporativo, Conferencista Internacional en areas de Motivación, Iluminación y Liderazgo 2.0. No todo es trabajo, soy un amante del surf, el arte y el disfrute pleno de todo lo bueno que nos ofrece esta vida.
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